De aquella noche solo queda el viento,
un simple recordar en cada hora,
un verso que se muere en el lamento
confiando regalarme alguna aurora.
Me queda el estupor, el descontento,
la angustia, el desamor que se evapora,
la loca desazón del loco intento,
la miel con el dulzor que te enamora.
De aquel bello querer queda el momento,
grabado en la memoria que me llora,
un beso, una canción que sin tormento
detiene ese minuto que demora.
Me deja retratado el firmamento
el beso que acaricia y que devora.














